La gamificación en la empresa


24 octubre, 2017 Facebook Twitter LinkedIn Google+ blog



¿Sabes qué es la gamificación? Seguramente la palabra suene un tanto extraña pero el concepto es muy sencillo: utilizar el juego fuera de un ámbito lúdico con distintos fines como pueden ser la motivación, el trabajo en equipo, fomento de la creatividad, o la promoción de valores como la satisfacción o el compromiso.

Durante mucho tiempo se ha relegado el juego al ocio o como mucho a la formación, pero desde hace unos pocos años, y más con el desarrollo de las nuevas tecnologías, se ha reconocido que sus beneficios pueden utilizarse en sectores que no tenían nada de lúdico, como por ejemplo el de la empresa, tanto para quienes forman parte de ella como para quienes reciben los servicios de la misma.

Al fin y al cabo, el juego y el trabajo son mucho más parecidos de lo que pueda parecer. Normalmente un juego consiste en la realización de una tarea, alcanzar cierto objetivo para conseguir una recompensa. En muchos casos comparten no sólo una dinámica general  -planteamiento del objetivo, consecución del objetivo, recompensa- sino que hay estrategias de juegos que se utilizan tal cual directamente en determinados ámbitos empresariales; un ejemplo clásico es el de los sistemas matemáticos desarrollados principalmente alrededor del juego de ruleta, que se usan también en otras áreas como las finanzas. El problema es que, aunque el funcionamiento sea similar, hay elementos que están presentes en el juego y que se han olvidado en el trabajo.

La gamificación quiere aportar esos valores que hacen que nos guste jugar y utilizarlos en el entorno de la empresa para que también nos guste hacer nuestro trabajo. Es un tipo de solución como “café para oficinas”, que pretende motivar a los empleados y hacerlos más eficientes.

El uso de la gamificación en la empresa se ha dado tanto en estrategias de marketing dirigidas a los clientes, como en acciones corporativas para aumentar la producción y reducir costes. Hay distintos tipos de dinámicas de juegos que se usan en la gamificación, como los sistemas de puntuación, las recompensas, dinámicas de equipo o la lluvia de ideas, pero lo que todos tienen en común es que se emplean con el mismo fin: aumentar la motivación, el compromiso y la producción.

Cuando la acción se dirige al cliente, lo que se busca a través del juego es su implicación, que en cierto modo se sienta parte de la empresa. De este modo, tanto la valoración del producto como de la marca crecerán. En el caso de los empleados, a través del juego se les pondrá en valor, se creará una sensación de comunidad que hará que la comunicación y el trabajo en equipo mejoren, y el cambio en la rutina y el extra de motivación servirán para que se trabaje mejor.

Hay un elemento muy importante que aporta el uso de dinámicas lúdicas en el trabajo, y es el de la recompensa. A menudo no tienen que ser grandes premios, simplemente el reconocimiento es muy valioso, tanto para el cliente como para el empleado. Por eso es importante que se visibilice a aquellos que logran alcanzar los objetivos del juego, que se premie a un número determinado de personas de manera que se fomente la competición sana. La satisfacción producida por el hecho de alcanzar cierto objetivo es ya una recompensa en sí misma.

La gamificación a veces se ha utilizado como una manera de intentar que los empleados trabajen más o hagan tareas extra. Éste no debe ser el objetivo. Enfocar el juego simplemente a intentar aumentar la producción, hará que los beneficios obtenidos sean puntuales y a corto plazo. Lo importante es el proceso, lograr la implicación de las personas que participan en el juego más que el juego en sí, porque los resultados que obtengamos de este modo serán mucho más rentables a la larga y de mayor valor.

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